viernes, 13 de febrero de 2009

PA´ LLENAR HUECO

Apenas 12 minutos, 12 minutos que volaban con el mismo ímpetu que vuela un alcón lanzado al ataque contra su presa. 12 minutos para que el destino me arrebatara todo aquello por lo que había dado mi vida y mi razón de ser. Y allí me encontraba, tirado, solo en un calléjón oscuro, sin otra luz que la que la luna reflejaba en mis pupilas, 2 pupilas que apenas se dejaban ver ocultas por un manto interminable de lágrimas y yantos. ¿Que hacer? todo un dilema. Bolbí a mirar al cielo, e impulsado por un golpe de valor alimentado de voluntad y odio, conseguí lebantarme. Las piernas me flaquearon, ya daba todo por perdido, pero en un instante, algo se encendió dentro de mi y me dige, ¡No!
No era el momento de echarlo todo por la borda, y sin apartar la mirada de la luna noté como una tenue luz iluminaba el callejón desde la lejanía. Todo se tiñó de esperanza y aunque solo me quedaban unos escasos 5 minutos sabía que podría acerlo. Corrí a toda prisa por salir del cayejón. Divisé la calle pero... nadie... depronto sentí un gran estallido, acompañado por un fuerte destello que procedía del mismo callejón que acababa de salir. Ni un pestañeo, y... me derrumbé...
Irónico ¿Verdad?
Me creía grande, importante, poderoso, y ahora, sin otra compañía que la nada recuerdo el frenesí de aquel momento que en vida pude llamar, mi última batalla.


Por Carlos Fentanes

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